Sobre la importancia de la filosofía en las aulas

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En octubre de este año la comunidad educativa española celebraba la recuperación de la asignatura de filosofía en los cursos de ESO y Bachillerato. Desde 2015, la obligatoriedad de la asignatura había sido reducida al primer año de Bachillerato, un hecho que preocupaba mucho no solo a los docentes de esta materia, sino a la comunidad educativa en general.

Numerosos estudios realizados por investigadores de Project Zero de la Universidad de Harvard han corroborado el valor de enseñar filosofía en las aulas. Sus diferentes programas educativos y herramientas enfocados en esta asignatura han demostrado mejorar no solo el pensamiento crítico, sino también su rendimiento en otras materias, como lenguaje y matemáticas. Emilio Lledó, ganador del premio Princesa de Asturias de Humanidades, explica que la filosofía tiene una función esencial, ya que nos obliga a pensar sobre la lengua, sobre el bien, sobre la justicia, sobre lo que somos, sobre la verdad.

Jordi Nomen, profesor de Filosofía y Ciencias Sociales, jefe del departamento de Humanidades de la escuela Sadako de Barcelona y autor del libro El niño filósofo, ofrece su mirada sobre la importancia de la filosofía. Nomen define la filosofía como el saber que nos permite interrogar a nuestro entorno y a nosotros mismos, nos ayuda a comprender el mundo y a actuar en él. Enseñar y practicar la filosofía en el aula es entonces fundamental. Nomen distingue tres beneficios:

Pensamiento crítico. En la era de la información en la que vivimos, es clave que el alumnado aprenda a buscar, analizar, distinguir y procesar información de manera crítica. En este sentido, la filosofía es muy poderosa, ya que nos proporciona herramientas para indagar, para distinguir entre hechos y opiniones, y evaluar la solidez de los argumentos, las evidencias y las posiciones que se nos presentan.

Creatividad. Los retos del siglo xxi requerirán soluciones innovadoras. La filosofía nos invita y nos obliga a salir de lo convencional, a pensar de maneras diferentes. Adquirir este hábito será de un valor incalculable en un mundo que cambia con tanta rapidez.

Ética, democracia y ciudadanía. Filosofar, casi por definición, implica ponerse en los zapatos del otro. Significa adoptar ideas ajenas, aunque sea temporalmente, para así llegar a saberes diferentes de manera distinta. Aprender desde pequeños que existen maneras diversas de ver y comprender el mundo es de gran importancia para el alumnado. Tolerar ideas diversas, debatir pacíficamente y defender el derecho de otros a expresarse son algunas de las bases de la democracia; son valores que todo ciudadano pleno debería tener.

 

Además de estos tres beneficios, Nomen destaca la importancia de las historias, el juego y el arte como catalizadores de la reflexión filosófica. Debemos ser cuidadosos en la manera como introducimos al alumnado en la filosofía. Empezar la clase con una definición seca de la asignatura y entregándoles una copia de La República probablemente no sea la mejor forma.

El mejor modo de enseñar el significado de la filosofía y de despertar el interés y la motivación del alumnado por ella es filosofando, iniciando una conversación sobre un tema o suceso de su interés, y guiando dicha conversación con preguntas pensadas para fomentar el pensamiento y la reflexión profunda por parte del alumnado. A partir de allí podemos iniciar la introducción de autores, conceptos y escuelas de pensamiento.

En un mundo incierto que cambia constantemente, y donde muchos están obsesionados con el rendimiento y el costo-beneficio, contrario a lo que muchos puedan pensar, la filosofía es más necesaria que nunca.

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